“El poder del Perro”, literatura narcótica
Don Wislow da un célebre golpe que grafica el mundo del narcotráfico más allá de buenos y malos, permitiendo un recorrido lúcido por una industria que corrompe al poder más que a su propia clientela.La novela de Don Wislow ha generado un puñado de críticas que no escatiman en elogios, cegando el camino hacia una literatura esencial, aquellos gritos de realismo que derrochan lucidez desde lo oscuro. Una radiografía tan cercana a la industria de las drogasque no se aleja de una explicación sobre el sistema actual, en sí, la analogía permite establecer un paralelo entre realidades que se cruzan y ambas rehúyen de la culpa.
De la escuela de James Elrroy, Don Wislow es un autor que supo trabajar el hampa en anteriores entregas. Esto permite que aquí encontremos personajes desarrollados en plenitud con apariciones certeras. Abrir un expediente de treinta años con cada uno de sus días impreso es una cruzada que llega a buen puerto en El poder del perro, matizado en el traslado de sus locaciones o el desarrollo del sujeto de la historia, la industria del narco y cómo esta crece al momento en que el mundo avanza y pide más, y no deja de pedir. Por goteo, el guión avanza en dosis de precisión que extienden la emoción hasta la última página, y en este volumen si que es un acierto.
Arthur Keller es un investigador de la vieja guardia. Como grandes oficios con p (profesores, periodistas, políticos y otras), el del policía es un trabajo que exige grandes esfuerzos para quien ejerce, donde los buenos no se ven simplemente porque escasean. Keller es uno de aquellos, ante el rigor su familia lo abandona quienes, por seguridad, evitan un contacto íntimo que fácilmente puede llevarlos a la tumba. Entonces la posición del lector adquiere una mirada privilegiada, una visión omnipresente más nunca predecible que se acerca al peligro inmune al fuego, a la locura del antihéroe.
Pasar de la lógica producción sudamericana de cocaína hasta sumergirse en la guerrilla política, aquella trinchera selvática resistida desde la Casa Blanca, epicentro del país consumidor. Involucrar a los mafiosos rusos, chinos e italianos no es un ejercicio gratuito a la hora de establecer un plan maestro de impunidad gangster. Lejos de los titulares, la relación no es ligera del momento en que el final no es feliz, los buenos no ganan y la princesa sigue soltera, del momento en que la historia cierra en suspensivo.
Pensar en el narcotráfico como un simple negocio de sustancias ilícitas es tan iluso como imaginar un mundo sin drogas. El poder que genera y las almas que corrompe a su paso quedan develados en este novelón de 700 páginas, donde su extensión es menor ante la intensidad de cada momento. Tal como dice Rodrigo Fresán en el prólogo, El poder de perro puede ser literatura que te exigirá un esfuerzo mayor o bien, desiste y espera la serie por HBO. Historias que queman, manos que sudan al sostener un libro abierto que apunta directo a la fantasía del lector pendiente de una historia adictiva.







