Juan Pablo Cárdenas, testimonio de valor

En un país donde los medios no hacen su pega, un periodista de verdad. Los elogios que existen sobre su trabajo son mínimos comparados con el aporte de su labor al desarrollo de un periodismo comprometido.

Pertenece al grupo de quienes desarrollan el oficio más allá de lo que pudo inculcar alguna instrucción académica. Su trabajo ha sido destacado por importantes reconocimientos, entre los que cuenta el siempre tardío Premio Nacional, el 2005. Hoy su labor está en la radiodifusión, desde la dirección de radio Universidad de Chile, donde ha podido expandir el concepto de “emisora universitaria” hasta convertir el medio en un importante foco de contenido e información, compitiendo de igual a igual con grandes empresas de las comunicaciones.

Desde siempre, su trabajo apunta al respeto de los derechos humanos y la igualdad de oportunidades, es por ello que, suprimido el régimen militar, siguió el camino de la denuncia y la investigación, esta vez frente a una Concertación que nunca supo crear un Estado verdaderamente democrático, elemento que Cárdenas apunta como lo necesario para mejorar la precaria situación social que vivimos hoy. En ello, el papel del periodismo juega un rol fundamental y su experiencia en escenarios adversos es hoy una señal a seguir por los nuevos profesionales.

¿Cómo asimila la modernización de las comunicaciones?

- Vivimos un cambio muy importante, hay algunos medios que deberán reciclarse para no desaparecer ante la estampida de Internet. La radio temía que el desarrollo de la televisión o el Internet fueran amenazas, pero se ha visto que las señales online son aceptadas por la audiencia. Siendo un medio que garantiza confianza, hoy es preocupante ver como una empresa española es dueña de tantas radioemisoras, una situación que sólo se da aquí en Chile.

¿Cuál ha sido la apuesta de las radios en este contexto?

- Ante la pobreza de contenidos y la falta de diversidad en los medios, la radio ha recibido ese público perdido, aún cuando hoy lo que se habla en radio es de poco aporte cultural. No obstante, creo que sigue siendo una fuente de información válida, hay una cercanía con el público, que aún puede intervenir, lo que enriquece la actividad. Quizá eso explica la vigencia del medio, quizá por eso nuestra radio se ha alzado sobre el común de las radios universitarias.

¿Cuál es su mirada sobre la situación de la prensa escrita?

- La situación de la prensa es patética, dadas las condiciones que imponen las dos empresas que poseen gran parte de la oferta. Si bien existen medios que tratan de subsistir de manera independiente, de entregar información verídica, su trabajo no se compara con la potencia de este duopolio. Eso deriva en que el periodismo de papel no tenga nuevos seguidores, que los jóvenes no lean.

¿Cómo percibe Usted el actual desarrollo del periodismo?

- He visto la frustración de periodistas que terminan como reporteros, además de la pérdida de ética que hay en medios donde tampoco hay libertad para expresarse. Más allá de la censura, hay una prohibición implícita respecto a lo que toleran y eso termina con periodistas que se cohíben frente a la capacidad de manifestar sus ideas, relegando la opinión y el cuestionamiento. Hay algunos casos de periodistas que han buscado en la tecnología el soporte para servir a los valores de esta actividad, demostrando que la libertad de expresión es un derecho que se conquista con trabajo.

La televisión no ha hecho mucho por contrarrestar esta situación…

- La influencia de la televisión es gigante y decepcionante, hay canales que pudiendo incidir en la formación valórica, han terminado en simples empresas que difunden entretención con pobres contenidos, sobretodo en los noticiarios, que son patéticos.

¿Cuáles son los factores que Usted reconoce en esta debacle?

- Nuestra democracia es muy pobre. En nuestro Estado se desconoce la importancia de los medios de comunicación, de la formación ciudadana, favoreciendo la apatía que finalmente influye en los procesos electorales, donde una parte importante de la población no está inscrita porque no le interesa lo que existe a su alrededor.

¿Qué salida propone ante ello?

- Creo que el Estado debe hacerse parte, intervenir como lo hace en las grandes democracias; leyes que restringen la concentración informativa, leyes económicas que permitan créditos e incentivos a la iniciativa de periodistas u organizaciones sociales, además de propiciar una televisión estatal.

¿Cree Usted que el desarrollo del periodismo está en crisis?

- El problema radica en la poca capacidad que demuestran los periodistas egresados. En las universidades apenas reciben algunas instrucciones, pequeñas destrezas que no alcanzan a cumplir una instrucción correcta. Periodismo debería ser una carrera de posgrado, que permita la especialización en áreas que no se contemplan en las mallas actuales. Hay un espacio amplio de temas que no son abarcados por los periodistas, porque no hay especialización, no hay capacidad creativa, los estudiantes hoy están siendo formados para obedecer, para ejecutar sin mayor independencia. Hoy no existe una crítica especializada, no existe conocimiento en las academias formativas.

Por otro lado, son muchos los que desempeñan el trabajo sin ser periodistas…

- Con la falta de especialización, se favorece el papel de opinantes que tienen reconocimiento por otras funciones. No hay periodistas que se destaquen en su labor, por eso llegan ex futbolistas o cientistas políticos a ocupar sus cargos.

¿Cómo vincula este hecho con la pérdida del valor del lenguaje?

- Al ser desplazados los periodistas, el lenguaje se deteriora, las prioridades son otras, la pobreza de lenguaje se hace presente y es dramático. En las escuelas de periodismo no hay preocupación en que sus alumnos aprendan a escribir, antes se exigía mucho más sobre la redacción, era el “colador” de generaciones anteriores. Cuando un periodista se expresa bien, obliga a sus entrevistados a hacerlo, pero hoy vemos que políticos o artistas se expresan de un modo deplorable. Chile es uno de los países donde peor se habla, siendo algo transversal a las condiciones sociales, distinto a países pobres donde incluso en los sectores más vulnerables, los niños saben expresarse.

¿Cómo justifica Usted que la educación esté tan decaída?

- El modelo impuesto en nuestro país le otorga al dinero un poder regulador sobre todas las actividades, le otorga al mercado la tarea de administrar la educación y la cultura. Un modelo que margina al Estado de su rol en todas las actividades, cuando debería garantizarse el acceso a un sistema educativo que sea igual para todos, inculcar valores que a través del ejemplo incidan en el modo de vivir.


Este año, editorial Debate lanzó al mercado la autobiografía de este periodista, titulada “Un peligro para la sociedad”, en ella el autor se permite relatar los grandes momentos del periodismo nacional que lo tuvieron de protagonista, como la creación de la revista Análisis, en 1977, una publicación arriesgada en tiempos donde el ejercicio comprometido de la profesión se transforma en una amenaza de vida. Es esa exigencia la que impregna al oficio, en un período donde las letras fueron la voz de los oprimidos, donde hubo un interés valórico por indagar más allá de las verdades oficiales. Una huella que se borró con la implacable avalancha mediática que hoy es un factor determinante a la hora de analizar nuestra sociedad y nuestra calidad de vida.

¿Cuáles son las posibilidades que tenemos de mejorar la condición social?

- Hay teólogos que sostienen que para superar la pobreza deberíamos suprimir la riqueza, porque el mundo no se salvará mientras haya personas interesadas en acumular una fortuna. En ese sentido, nuestra situación actual es un polvorín. Se ha demostrado que no es la pobreza lo que genera violencia, sino que la desigualdad sea tan drástica. Podemos ser todos relativamente pobres y vivir bien, pero es inmoral ver gente que escandalosamente tiene mucho dinero, políticos que se ufanan de nuestro poder económico, mientras hay condiciones críticas de pobreza y desigualdad.

¿Qué papel les toca a los ciudadanos comunes?

- Es importante que los pobres no se traguen las inconsistencias de este sistema, que se rebelen y luchen, en función de que surja una fuerza desde la base en la que todos podamos aportar al cambio del esquema económico.

Suena utópico…

- No hay que tenerle miedo a las utopías. Todos los cambios surgen de esos sueños, nuestra independencia fue un sueño de un puñado de jóvenes cuando era absurdo pensar en desprenderse del poder de España. Debemos tomar utopías y asumir que los jóvenes son los responsables de lograr cambios, ya que así ha sido históricamente, debemos promover la organización y asumir asuntos fundamentales. El pueblo mapuche ha comenzado un camino de reivindicación que parte del convencimiento de avanzar, gracias a ello hoy la gente tiene noción de que hay un intento de recuperar un legado histórico. Así fue cuando las mujeres clamaron por sus derechos, está demostrado que las utopías favorecen la organización y que los jóvenes están llamados a provocar esos cambios.

¿Cuál es su análisis sobre el estado de nuestra democracia?

- Creo que no vivimos en democracia, vivimos una post-dictadura. Es evidente que los objetivos de una democracia no se cumplen, no hay participación del pueblo, no hay representación de sus ideas. Sus instituciones no representan los intereses de las mayorías, en Chile prevalece la ignorancia y el gasto electoral sobre nuestro comportamiento cívico. Es imposible para las ideas competir con el dinero, se supone que los partidos políticos deben favorecer el debate, siendo que hoy únicamente se han dedicado a servir a los intereses de poderes fácticos. No existen sindicatos, no hay diversidad informativa.

¿Qué responsabilidad tienen los partidos de izquierda?

- Creo que militar en un partido político es una pérdida de tiempo, los partidos hoy no son entes democráticos o representativos. Creo que las entidades de izquierda se han dividido en múltiples oportunidades, han abandonado la responsabilidad histórica de movilizar al pueblo para lograr los cambios. La izquierda chilena se ha farreado muchas oportunidades de unificación por ambiciones de poder personal, así como tampoco han podido evolucionar, después del marxismo-leninismo, no han tenido mayores referentes políticos, no tienen un discurso que demuestre los valores históricos, no hay una posición en materia energética, no ofrece una respuesta frente a temas que surgen de la sociedad, es una izquierda ideológicamente muy pobre.

¿Usted cree que en algún momento se cambie el Sistema Binominal?

- Si llegasen a desmoronarse estas mayorías, podría darse, pero tendríamos que esperar a que lleguen al Parlamento las minorías ajenas a ambas coaliciones, eso es mucho pedir. Creo que los cambios deben surgir desde las calles, haciendo la vida imposible a los corruptos, a los que no hacen su trabajo, es necesario ser incesante, desde la calle y desde el periodismo.

¿Cómo evita que esa “frustración” se impregne más allá del ejercicio profesional?

- La rabia la mantenemos siempre, sirve para mantener nuestro compromiso. Pero he tenido suerte en desarrollar mi trabajo en medios que he querido trabajar, he tenido éxito siendo sistemático en mi labor. He podido incorporarme a las nuevas formas, he sabido incorporarme a las nuevas fuerzas del periodismo, la revista Análisis influyó en el modo de hacer periodismo y hoy con la radio el desafío es similar. Nuestros esfuerzos se ven en tiempo, la gente tarde o temprano se da cuenta que los cambios debemos producirlos nosotros mismos y no decaer antes de llegar al éxito.