Drug movies: A pasarse películas este verano

 

No es lo mismo hablar de películas sobre drogas que drogas en el cine, de ello emerge una corriente cinematográfica que exhibe distintos escenarios y expresiones relacionadas al consumo. Ante todo, la validez del arte matiza la entrada hacia un diálogo que permita comprender y validar posiciones.

 



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EASY RIDER: El Decano Hopper

‘Sabrás usarlo en el momento correcto con las personas adecuadas’ le indica el desconocido a Peter Fonda, en la despedida, entregando una dosis de LSD que acompañaría al par de hippies que rasgaban el mapa de Estados Unidos a bordo de dos motos que bien ejemplifican una nave espacial entre nosotros. En la escena, el calor es excesivo y el entorno yace somnoliento, en penumbras. Wyatt y Billy sólo avanzan sin pensar, fuman sin detener su deseo, conocer, explorar. Easy Rider (1969) plantea una ineludible puerta de entrada hacia el mundo de las drogas inserto en el guión cinematográfico. Un clásico!

UP IN SMOKE: Para una risa eterna
Así como cepas, películas hay para todos los gustos, unas más densas que otras, cada una con sus características que permiten matizar el vuelo. El humor radica en el buen manejo de la ironía a la hora de hablar sobre tabúes o bien, ridiculizando al máximo la situación hasta provocar escenas hilarantes en torno al exceso y el entorno. En esta dirección, ‘Up in smoke’ (1978) es una comedia ad-hoc, una metáfora del cuete chistoso, con un inicio explosivo que permanece e insiste sobre humor canábico. Una pareja entrañable para los fumetas, un episodio de iniciación que merece honores.

SAVING GRACE: Excelente para tus padres
Traducida como ‘El jardín de la alegría’ (2000), la cinta de Nigel Cole no abusa de los recursos obvios del cine psicoactivo y logra una obra de muy buena factura, planteando una historia sencilla y efectiva, humor inglés que aborda la viudez de una florista que despliega sus conocimientos en la planta favorita de su jardinero, comenzando con ello una reactivación financiera. Una película ideal para no fumadores, o para compartir con personas previo a un diálogo franco sobre María que entre broma y broma, algo asoma.

PÁNICO Y LOCURA EN LAS VEGAS: Todo a la parrilla
La vida de Hunter S. Thompson se aferra de las drogas para mantenerse en la ruta delirante, con la realidad en la mira de su bolígrafo, convertido en arma del momento en que cápsulas, jeringas y bombillas alimentan una tinta efervescente, una lírica fugaz. La cinta de Terry Gilliam (1998) ahonda en los excesos, llevando el éxtasis hacia campos literarios que son parte de la novela inicial, sumado a un estimulante juego audiovisual que corona actuaciones certeras. Una película que lo tiene todo, comenzando por la maleta que carga con todas las esperanzas de la narrativa estadounidense, la que llega hasta Thompson como un personaje único que supo transformar la literatura, validando el periodismo como expresión de una mirada.

JACK NICHOLSON: Un viejo zorro
Antes de su primer Oscar por la excepcional participación en la muy recomendable cinta ‘One flew over the Cuckoo’s nest’ (1975), un incipiente Jack Nicholson se ganaba un espacio en el mundo del cine trabajando en lo que venga, con muchas películas de bajo presupuesto y un poco de dinero para hacer otras también, impregnando su mirada en el guión de The Trip (1967), una cinta que grafica un viaje de LSD de parte de tres amigos, buscando en las visiones cósmicas las respuestas a una vida trunca. Este es uno de los primeros antecedentes de la sustancia en el cine y que luego tendría a Nicholson delante de las cámaras en Psych Out (1968), cinta que retrata a Jenny, una chica con sordera que llega a San Francisco huyendo de casa. El encuentro con Stoney (Nicholson) supone el inicio de una relación furtiva entre la vertiginosa liberación del movimiento hippie. Lo cierto es que actuando el tipo sabe hacerla más liviana, logrando una película relajada, un reflejo in situ de cómo se vivía el verano del amor en la meca de la sicodelia.

INHALA: La cruda realidad
George Jung es el protagonista de esta cinta de Ted Demme (2001), cuya vida real encarna un legado que no deja de sonar cinematográfico, siendo el responsable de tres cuartas partes de la cocaína que se consume en los Estados Unidos durante los ’70. Un drama que recorre la historia humana detrás del traficante, quien responde no solo a su adicción al polvo blanco, sino también al gustillo por el poder, las licencias del dinero y la vida rosa alrededor del éxito. Protagonizada por Jhonny Depp, encontramos aquí otro tópico interesante: entre las películas de drogas, grandes actores se repiten el plato.

REQUIEM POR UN SUEÑO: Cuando la mente explota
La novela homónima de Hubert Selby Jr, en el cine desde 2000 de la mano de Darren Aronofsky, logrando consigo una cinta cargada de realidades frías, donde el debate abarca no sólo el mundo de narcotráfico, sino además del sentimiento humano en la sociedad actual, cargada de estímulos efusivos y aspiraciones ambiciosas. La vida de Tyrone, adicto a la heroína quien arrastra consigo a Marion, su novia, transcurre en paralelo al consumo de anfetaminas por parte de Sara, su madre, hilvanando tres vidas de anhelos que culminan en fracasos, donde las drogas son sólo la punta de un iceberg valórico que hoy atenta contra el curso que toma este barco.

SUPER HIGH ME & GRASS: Documentales para alivianar
Otra alternativa que difiere de la ficción son las investigaciones que han surgido en torno al tema, considerando la despenalización del cultivo como una cruzada que tiene presencia en la arena cinematográfica. Grass (1999) es una investigación canadiense que expone la problemática de la planta en Norteamérica, con el consiguiente fracaso de Tío Sam en su guerra contra las drogas. Superando el morbo de las comedias, la obra aborda distintos aspectos legales que transcurren en el siglo XX, permitiendo conclusiones sociales, médicas y políticas a la hora de considerar el status de la planta en la actualidad. No obstante, los títulos que últimamente han copado la atención de fumetas tienen aspectos de comedia que bien valen un porro frente a la pantalla. El documental ‘Super High Me’ (2008) retrata al comediante estadounidense Doug Benson, quien deja de fumar durante un mes para luego darse con tutti durante 30 días, incluyendo visitas a distintos médicos que evalúan las incidencias de la soñada dieta en el cada vez más volado humorista.