Mississippi Records: La pena va a pasar

Con poco más de ochenta ediciones, esta casa discográfica arremete con lanzamientos de excepción, pequeños descubrimientos que iluminan un catálogo dedicado a entregar nombres que impregnan la música de historia. La orquesta de Mali o Marisa Anderson son botones que bien ilustran la etiqueta musical.


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El apogeo de la industria musical a menor escala permite un nicho de expansión verídica, donde los resultados no se miden en números, sino en la capacidad de construir un discurso en base a títulos seleccionados, una “curatoría” musical dedicada a temáticas ocultas que explican ciertas influencias comunes para nuevas bandas, nombres que por cultura popular influencian sonidos que luego traspasan fronteras.

Mississippi Records (MR) es un sello alejado del mp3 y las novedades. Como muchos sellos actuales, su trabajo se remite a nombres antiquísimos cuyo valor es tanto más valioso que un título contemporáneo. Ciertamente, el futuro se construye mirando hacia atrás, a los maestros olvidados. “Mata la Pena”, por ejemplo, es una compilación que puede resumir el sentido de búsqueda que hay tras esta placa.

Trece piezas unidas en el lamento, en la expresividad del dolor callejero a través de una canción. “Mata la Pena” es un antecedente del World Music cuando el término no existía, reuniendo propuestas geográficamente opuestas, temporalmente ajenas, pero unidas a través del expresionismo popular del canto.

Lo cierto es que MR explica la carencia de respuestas en el presente a la hora de asimilar el devenir de la música. Son muchos nombres los que quedan por conocer, más allá del chovinismo que esto genera, ya sea por propuestas más “internacionales”, como Putumayo y otras colecciones, acá tenemos un acercamiento menos ambicioso por extender la cadena con nombres que continúen la tradición de intérpretes urbanos.

No por nada, Mississippi Records, la tienda de discos de Portland, congrega cientos de sentidos agradecimientos de sus clientes en Internet. Pero la casa discográfica es menos conocida, con rediciones de mil copias más otras apuestas nuevas, siempre con la escuela blusera del west side. Sus ediciones acumulan descubrimientos del primer siglo XX, homenajes, una investigación cuyo sello se marca a fuego en cada una de sus entregas.

Mali: Soberanía orquestada
Con su independencia, albores de los ’60, las ganas de hacer un país nuevo surgían a borbotones en las calles de Mali, la recuperación de la tierra recorrió África como un tornado de inspiración social, donde la música fue un medio de expresión para defender la cultura. La defensa de sus manifestaciones culturales obligó a un desarrollo de la industria fonográfica inédito y necesario.

Modibo Keita fue su primer presidente, quien en ocho años quiso instaurar un régimen unipartidista con emblemas nacionales que definieran su acercamiento al patriotismo soviético. Así, la música tuvo financiamiento oficial y surge con ello la Orquesta Nacional de la República de Mali, un seleccionado local de intérpretes que recorren el país convirtiendo su música en el discurso oficial. Según la inscripción de las orquestas, un día después de su independencia, éstas serán formadas por “músicos que servirán a su país, contribuyendo con su talento a la protección y revalorización del arte musical de Mali”.

El MR-76 corresponde a la Orquesta “A” de dicho programa estatal. Las exigencias del momento obligaban un combinado A, otro B y otro C, además de otros conjuntos regionales. Lo cierto es que Kélétigui Diabate, su director, supo armar un grupo con saxofón, timbales y percusión, además de guitarra y bajo eléctrico, interpretando composiciones locales además de canciones populares de Guinea, cuyo modelo de emancipación inspiró a Mali.

El rescate musical que significa tener una reedición de estas orquestas es extender los sueños de gloria de la gente de Mali. Hoy, a pesar de ser uno de los países más extensos de África, la pobreza arrasa con más de la mitad de su población, sin alcanzar una estabilidad a pesar de sus riquezas naturales. Los agitados 70 dinamitaron su incipiente democracia y este testimonio recuerda los primeros acordes de música local.

Marisa Anderson: Electricidad
Titular una canción “Electricity” es sumarla a un infinito listado de interpretaciones rasgadas, las que elevan a través de la historia el papel interpretativo que entregó la guitarra eléctrica al blues, aquel sin canto donde los dedos hacen hablar a las cuerdas.

La capacidad de Marisa Anderson, de Portland, recae en esa interpretación libre del instrumento, un registro de nuestros días que remite aquellas influencias que son heredadas en el catálogo de Mississippi. Pero el registro no queda en ello, sino que sobresale y cautiva de un modo lento, obligando nuevas escuchas hasta sentirse cerca.

Anderson ha marcado presencia en algunas producciones cinematográficas cercanas a la música, además de participación en bandas y proyectos menores a este disco, el que exhibe en doce temas una dosis equivalente entre experimentación y composición, con pasajes técnicos que rememoran slap y fingerpinckering como estilos de reconocida génesis. Más allá, los temas finales esconden cortes más arriesgados, donde las ideas fluyen de forma explosiva, alcanzando en “Nebulae” un nivel de excepción. Tras ello, el tema que da nombre al disco cierra con una solidez no menos convincente.

Lo de Marisa Anderson rodea lo narcótico, una solista en guitarra que escapa del virtuosismo para ilustrar de sencillez una interpretación libre, sin caer en improvisaciones, tampoco en repeticiones. No voices no overdubs. Piezas en vuelo libre o acotadas a la ejecución, complementarias, quizá consecutivas. Lo cierto es que “The Rain in Coming” y el tema uno, también single, “Drop Down” son representativos de una combinación de ambas vertientes. Con ello, el registro acierta en incluir distintas variaciones de una música primitiva, pero con una intención decidida en cada corte. Marisa Anderson sabe desmarcarse del ostracismo actual y su propuesta promete, siendo una de las cartas donde el sello se juega la propuesta y sale victorioso.